Un aperitivo.

DSC_0205

Estoy tardando mucho en actualizar el blog y me empiezo a sentir mal, así que dejo por aquí esto que escribí hace algún tiempo, una de las historias “paralelas” aunque no necesariamente cohetaneas. He de confesar que va dedicado a un personaje muy interesante que no ha tenido gran recorrido en mi novela La Vara de Serbal y sentía que se lo debía, que no fuera solamente una coma en el texto.

Solo había algo peor que ser trasladado a La Mazmorra y Hurdax ya lo había vivido.
Lo siguiente sería probablemente limpiar todo aquello.
Hurdax no podía verlo, pero desgraciadamente podía olerlo. Excrementos viejos y nuevos, orines y vómitos. Y aunque ya se lo habían llevado, el fétido hálito de la muerte.
Recibían un puñado de arroz al día y un sorbo de tórrida agua dulce, todo aquello en la más absoluta de las penumbras. Calculó que eran unas veinticinco personas al embarcar y por lo menos uno había muerto. La mayor parte permanecía sentada sobre los sucios tablones del piso y los menos hablaban solos consigo mismo, en corrillo o gritaban y golpeaban los tablones con desesperación.
Hurdax apenas hablaba. Tras un tiempo en la oscuridad sus recuerdos habían tomado una viveza excepcional, ya no sabía si recordaba o soñaba despierto.
Recordaba a Gara. La primera vez que la vio en el claro del bosque, el brillo del sol en su cabello pardo, su fragante aroma y la forma esquiva de mirarlo cuando hablaba con sus amigas. La fiesta de la cosecha de aquel verano que parecía no tener fin. Recordaba sus ojos el día de su boda, su cuerpo estremecerse en su primera noche juntos.

El barco llevaba ya una semana anclado a juzgar por el número de comidas. Oía el mar en los rompientes y a los marineros eunucos subir y bajar por la cubierta. Dentro, la expectación había sacado a algunos de su letargo, sin embargo las raciones se entregaban regularmente y nadie respondía a las insistentes preguntas.
Pasaron tres días más y el barco comenzó a moverse de nuevo. Los pasos sonaban agitados y oyó una potente voz mandando desplegar todo el velamen. No recibieron ninguna ración de arroz más. Pocas horas más tarde abrieron la portezuela y los arrojaron completamente deslumbrados a las frías aguas.

Hurdax tosió agua salada tratando de averiguar donde estaba arriba o abajo. Las aguas lo golpeaban en furioso oleaje y otra ola lo cubrió. Logró abrir un ojo, vio la popa del barco que se alejaba hacia mar abierto. A su espalda estaba la costa.
A pocos metros de él un hombre se debatía tratando de no ahogarse. Por suerte Hurdax era un buen nadador y lo alcanzó en un par de brazadas y logró mantenerlo a flote.
-¿Como te llamas? -Le gritó.
-Dark -Tosió.
-Dark, ¿Sabes nadar?
-Muy poco.
-Entonces trata de flotar, yo te remolcaré
Sujetando a Dark con sus últimas fuerzas consiguió empujarlo hacia las rocas. Su pie dio una dolorosa patada a una piedra y ahogó un grito.
Logró que Dark se encaramaba a las rocas y desfallecido se arrastró sobre ellas.
Más tarde se internaron en los bosques y encontraron un arroyo del que pudieron beber unos cuantos sorbos y un endrino del que comieron sus amargos frutos. Cerca de allí encontraron una playa en forma de luna donde había llegado arrastrándose por la marea tres cadáveres y un muchacho que ni siquiera pareció haberles visto.
Cavaron en la arena un hoyo con las manos desnudas para dar sepultura a los cadáveres y descubrieron huesos viejos humanos. No eran los primeros en descansar en esa playa. Al excavar el segundo agujero se les unió el muchacho aún mudo. Era de una edad indeterminada situada entre los once y los veinte años, de rasgos andróginos y suaves
Acababan de enterrar al tercero cuando unos hombres los asaltaron. Eran seis, vestidos con ropas de caza y capa manchada de gris y verde. Portaban espada, mochila y un bastón de fresno.
-Deponen las armas si tuvierais.
Hurdax sopesó sus palabras y dejó caer el garrote de madera nudosa que había encontrado
-Eso casi no puede considerarse un arma -Se acercaron- Hemos visto una vela en el horizonte y acudimos a buscar supervivientes.
Les dieron algunos frutos dulces que arrastraron el sabor de las endrinas, un poco de pan algo duro y sobre un fuego de madera de deriva asaron unas recias salchichas de jabalí.
Tras la comida se presentaron. Eran los lobos del recién creado poblado del bosque. Herrick El Fuerte era su líder y con él estaban Lodan de Salas, un joven pecoso; Rodin de Tarlassa, un hombre joven de enérgica actitud, el callado Falsten y Gaven, de Nordglass.
Hurdax conversó con ellos y se enamoró de la descripción de las casas de los árboles. Los demás decidieron acompañarlos. Los heridos se quedarían con uno de los Lobos acampados a la espera de ayuda.
A Hurdax un pensamiento le reconcomía hasta que se dio cuenta de a qué era debido. Dark y el mudo habían desaparecido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s