Un título es peor que una página en blanco.

Cierto es, los títulos, para mi son un problema. De hecho tenía un tema sobre el que escribir y se me olvidó al intentar ponerle un título. Como tal, el título no tiene nada que ver con lo que iba a escribir, pero ya que estamos no es mal tema. Acabo de recordar sobre qué iba a hablar, pero ahora mismo me parece una tontería de tema al lado del tema: títulos. Lo escribiré de todas formas para que no se me olvide y lo añadiré como anécdota:

Nunca estoy contento con los títulos que le pongo a los relatos que termino (ahora hablaré de por qué me siento mas cómodo poniéndolo al final), con las guitarras que acababa o con algunos de los nombres de mis personajes. Creo que en cualquier caso el problema me viene del concepto “Nombre” pues de algún modo tiene que ser el resumen, la esencia destilada de la novela, relato o, también en cierto modo personaje. Algunos de ellos han cambiado de nombre varias veces y aún siguen sin gustarme del todo, pero al menos me he acostumbrado ya a “oírlos”. Nunca me he encontrado cómodo con mi propio nombre y tengo la sensación de que seguiría sin estarlo me llamara como me llamara y creo que es en parte por qué me cuesta tanto. Leyendo Coraline del gran Neil Gayman me sentí completamente identificado con la frase del gato:

—Los gatos no tenemos nombre.
—¿No? —dudó Coraline.
—No —corroboró el gato—. Vosotros, las personas, tenéis nombres porque no sabéis quiénes sois. Nosotros sabemos quiénes somos, por eso no necesitamos nombres.

Coraline (Neil Gaiman)

De hecho nunca me ha gustado la magia basada en nombrar cosas (lo cual no ayudó precisamente a que me gustara “El nombre del viento”) Sin embargo desde mi perspectiva si que hay nombres que le vienen como anillo al dedo a determinados libros, películas, personajes… “La historia interminable” es uno de mis favoritos para un libro por paradójico que pudiera parecer, porque habla de historias dentro de historias, ¿Y alguien sabe acaso si no somos personajes de una historia más grande? ¿Notaríamos la diferencia? (No puedo mas que recordar mi Twit fijado https://twitter.com/LaVaraDeSerbal/status/768935958079242240 ) Para mí es un problema poner el título al comienzo, porque de algún modo me ciño al título y no puedo ir cambiando de tema poco a poco, lo cual, es, en esencia, mi modo de escribir. Si ponerlo al final fuera una solución…

Volviendo al hilo, seguro que todos tenemos algún ejemplo de título bien puesto…. Y de títulos objetivamente mal puestos. Traducciones infames que le dan la vuelta al sentido, invenciones a todas luces arrojadas por algún directivo sin imaginación o un becario sobrepasado, o obra de publicistas con la mente puesta en los números. Como ejemplo se me ocurre “Las brujas” de Roah Dahl, la cual en su adaptación para la televisión, al menos en España se tituló “La maldición de las brujas”, que con ese título solo puedo imaginar una película cercana a la serie B que jamás vería sin saber que en realidad es la aceptable adaptación del maravilloso cuento del escritor inglés (El final pasteloso Deux Is Machisna si que no lo paso)

A lo que iba. Ideas:

´.Nombre de/la protagonista/ del lugar donde se desarrolla: No te dice nada si no sabes de qué va. Si es un nombre fantástico inventado además creas dudas.

.Un concepto que se repite a lo largo de la novela: Mi favorito. La idea destilada, la quintaesencia. Lo malo es que una novela son muchas ideas y elegir una es siempre despreciar otras.

.Una frase dicha en el libro: Ya puede ser una frase realmente buena y además corta o estás perdiendo el tiempo.

.Un objeto: Un objeto alrededor del que gira la historia. Solo vale en los libros en los que su temática gira alrededor de un objeto. Una variante más polivalente es un híbrido entre esta y la anterior. La cual es:

.El objeto McGuffin: Un objeto que aparece en la historia pero no es especialmente relevante. Se usa cuando se te acaban las ideas.

.El enemigo: Todos tenemos en mente “El Señor de los Anillos”, ¿Verdad?

.El epopédico: Creo que ante todo se busca epicidad por encima de la información a ofrecer. como Canción de hielo y fuego, El legado de la Profecía, Leyendas de Terramar…

De momento no se me ocurre ningún ejemplo más y se me hace tarde. Esta entrada ha sido casi completamente improvisada y puede que no sea gran cosa, pero por lo menos me ha tenido un rato pegado al teclado, que es algo que también es bueno. En resumen, puedo darle a mis relatos, novelas y demás el mejor nombre posible matemática y artísticamente posible, que seguiré con el come come. Si necesitas un nombre que venda, pídele ayuda a un publicista, si quieres que sea bonito, que lo escriba un poeta.

Y la anécdota. He descubierto el conversor de voz a texto del drive y se me ocurren algunas posibilidades. La primera escribir de primeras más rápido los pasajes descriptivos y de forma más cómoda, aunque muchas palabras no las entiende bien, como los nombres inventados de personas y lugares,  y se inventa lo que quiere (Tu te inventas palabras, yo me las invento, Quid pro cuo Me imagino que piensa). Como contrapartida hay que editar luego muchísimas cosas, pero como de todas formas será revisado algo de esfuerzo si que se ahorra.

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