Esta noche, en Sala sepulcro… Reto III El Libro del Escritor.

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–Hola, buenas noches queridos radioyentes. Hoy, como siempre a esta hora en Sala Sepulcro, tenemos a un invitado especial, bueno, en este caso invitada. Puede que su nombre no les suene de nada y como además a nuestra invitada no le hace mucha gracia que lo desvelemos no lo diré, je je. Pero estoy seguro de que sí que conocen a su alter-ego. Con todos ustedes: ¡Chica estaca!.

–Hombre, gracias por el detalle de no revelar mi verdadera identidad.

–No hay de qué. Chica estaca es actualmente quizá la única cazadora de vampiros con licencia en nuestra ciudad. ¿Cómo decidiste saltar a la palestra?

–Pues verás, Clemens. Creo que hoy en día no hay nadie que no tenga al menos un amigo o conocido vampiro, pero siempre hay alguno que no hace caso ni a las leyes humanas ni a sus propias leyes internas. De vez en cuando hay que patear algunos culos y ahí es donde entro yo.

–Ya, pero no es eso lo que te he preguntado. ¿Por qué decidiste dar el paso? ¿Un ex-novio vampiro quizá?

–¡Que va, para nada! Resulta que tuve un encontronazo con uno de ellos. Él quería morderme, le dije que no tres veces y seguía insistiendo. Al ver que no daba resultado y que nadie me iba a ayudar, le rompí un taburete en la cabeza.

–¿Y entró en razón?

–¡Claro que no! Solo sirvió para romper el taburete y ponerle furioso. Pero por suerte una pata rota de taburete puede usarse como una estaca del tipo tres. Así que lo atravesé con ella y lo dejé ahí mismo.

–¿Sabes qué le pasó?

–Si nadie le sacó la estaca posiblemente se friera al sol. Nunca me preocupé demasiado.

–¿Fue entonces cuando decidiste ser Chica Estaca?

–Yo diría que no, pero desde luego fue el comienzo. Decidí serlo creo, el día que una amiga me regaló mis primeras mallas de plata. El peto y los guantes llegaron después, el antifaz de murciélagos fue algo que vino solo, por así decirlo. Aunque el momento oficial llegó cuando por fin me saqué la licencia.

–¿Fué muy difícil?

–Tuvo su miga, la primera vez suspendí el teórico al no recordar todos los grupos sanguíneos. ¡Ya ves de que me sirve eso a mí! Y la segunda fue en el práctico, se me olvidó señalizar la maniobra.

–Cambiando de tercio. Tus estacas son temidas a la vez que reverenciadas en la comunidad vampírica y ya hay auténticos coleccionistas. Lo más curioso es que el mayor coleccionista es precisamente un eminente vampiro, el señor Alester Crimson. ¿Qué tienen de especial tus estacas?

–Si, conozco al señor Crimson, ha llegado a pagar auténticas fortunas por estacas cuya madera rescaté del contenedor. Creo que su mayor ambición es que lo estaque personalmente, pero no lo haré a menos que me de motivos. Lo siento señor Crimson, son mis principios. En fin, le dedico tiempo y ganas a cada una de mis estacas, las hago siempre, importante, de maderas bien secas, y las pirografío con simbología religiosa.

–¿Para que hagan más daño?

–¡Que va! Les hace el mismo daño una cruz cristiana que un retrato de Mickey Mouse, pero claro, no puedes hacerle eso a un vampiro ¿Donde quedaría el glamour? ¡Tengo una reputación que mantener!

–Cierto, cierto. En fin, ¿Y no tienes miedo cada noche que sales de caza?

–Si, la verdad, pero no es a causa de los vampiros.

–¿Entonces a qué?

–Me da vergüenza decir esto, pero es que le tengo miedo… a la oscuridad.

–¿Tienes miedo a la oscuridad?

–Desde pequeña. Le tengo pánico.

–¿Y te dedicas a cazar vampiros?

–¿Paradójico verdad? El caso es que un vampiro furioso es algo muy a tener en cuenta, y cuando uno de ellos te ataca, la oscuridad simplemente no existe. El miedo a la oscuridad es un miedo a la incógnita, a la incertidumbre, al peligro oculto… Si un vampiro se abalanza hacia ti con los colmillos fuera no hay incógnita más allá de si vivirás o no, está la certidumbre más que clara de lo que te pasará si no sacas rápido una estaca, y el peligro no está oculto para nada. Puede que en realidad haga esto como terapia.

–Eso que me cuentas es muy interesante, pero se nos acaba el tiempo. Solo queda una última pregunta. ¿Has pensado en formar equipo con algún otro cazavampiros como Jack Fang o Blood Mike?

–Lo he pensado, no creas, pero la verdad, no me gustan los equipos de superhéroes en los comics, no creo que me gusten en la vida real. Además, a Blood Mike no le conozco, pero Jack Fang no es un profesional, tengo la sensación de que se metió en esto sin tener muy claros algunos conceptos. Algún día acabará muy mal, te lo digo yo.

–Gracias. Bueno, señores, hasta aquí llegó el programa. Con ustedes: ¡Chica Estaca!

 

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