Llevo 20 años escribiendo pero no lo sabía.

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El otro día descubrí que llevo casi veinte años escribiendo, desde los once aproximadamente. Bueno, en realidad ya sabía que empecé a montar mis pequeñas historias en torno a esa edad, pero no me dí cuenta de que en realidad es lo que he estado haciendo todo este tiempo hasta hace un par de días.

Mi primo subió a Facebook  una foto conmigo de bebé en sus brazos y el comentario “Mi primo Nicolás unos añinos antes de hacerse escritor”, lo cual me llevó a pensar que entre esa foto y el momento de empezar a escribir, había transcurrido, de hecho, mucho menos tiempo que entre que empecé a escribir y el día de hoy. Y es cierto.

–¿Y en veinte años solo has escrito un libro?

Solo he publicado uno, La vara de Serbal. De los doce a los dieciséis escribí una “historia” que casi podría considerar mi primera novela si no fuera porque casi me da vergüenza admitir que existe. “Los Gnomos”. Cualquiera que tenga el desatino de leerla verá en seguida que es “El Hobbit” con otros escenarios, otras escenas y muy poca chicha. De verdad, es MUY malo… pero no me atrevo a borrarlo. De vez en cuando me adentro entre sus 29000 palabras y pienso que al menos me sirvió para aprender. De hecho se nota una gran diferencia entre el principio y el final, también ayudado porque a los dieciséis se es mucho más maduro que a los doce.

–¿29000 palabras en cuatro años?

Pues si, la constancia no ha sido nunca uno de mis fuertes. Durante los catorce años además estuve escribiendo una historia sobre unos individuos que llegaban a una isla desierta y que, con los recursos que allí había, hacían de todo. Si, seguramente a muchos les sonará también, fue mi época de leer Julio Verne. A esa edad, muchos de los que hoy  son considerados escritores incluso por personas que no son ellos mismos, escribieron fanfics. A su modo yo hacía lo mismo, pero poniendo los personajes, los escenarios y algo de trasfondo de cosecha propia. Los personajes, a decir verdad eran más planos que la hoja donde escribía en clase cuando me aburría (y que los compañeros no tardaron en interesarse malévolamente ante mi falta de comunicación acerca de lo que escribía), los escenarios no tuvieran ningún sentido geográfico, espacial o climatológico y el trasfondo poco más que algo de historia deslavazada, subproducto de las ideas que se me iban ocurriendo.

Cuando di por acabado ése relato (nunca lo escribí a ordenador) retome “Los gnomos” por donde lo había dejado y ya, con un final en mente, logré acabarlo. Creo que es Neil Gaiman el que dice eso de “Escribe, pero termínalo” y en cierto modo, lo considero mi primera hazaña como escritor.

A los veinte años (hace ya diez) comencé a escribir lo que hoy en día es La vara de Serbal (Se llamaba Exilio, La Mazmorra) inspirado por un sueño en el que me refugiaba bajo unos matojos, junto con un grupo de gente, de una sombra alada. Posiblemente tuviera mucho que ver El señor de los anillos y los Nazgul, pero fue tal la impresión con la que me levanté que tuve que ponerme a escribirlo. Continuar con la historia fue algo que decidí más adelante, cuando cacé en mis redes de ideas unas cuantas de las necesarias para comenzar a hilarlo todo, procedentes, una vez más, de los videojuegos.

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–Pero de los dieciséis a los veinte no escribiste nada puto vago

No… no propiamente dicho, pero en cambio descubrí el RPG maker. Un programa muy sencillo con el que hacer videojuegos RPG al estilo de Chrono Trigger, Final fantasy VI o Zelda a Link to the past y acabé dos juegos que fácilmente duraban 2-3 horas cada uno.

–Eso no es escribir.

Todo lo contrario. Cada personaje y cada extra tiene texto, aunque solo sea una frase que repite cada vez que te acercas a hablar con él. Hay algo parecido a un argumento, obstáculos, guión, trasfondo y jugabilidad, para que sea ameno y no un simple mover el cursor por la pantalla.

Y fallos. Sobre todo fallos. Creo que en esto es donde más se parece hacer un videojuego a escribir un libro. Harto de que me distrajera cada vez que me ponía a arreglar los fallos con otra cosa, decidí jugarlo (testearlo) tal cual estaba de principio a fin y apuntar en un papel los fallos que encontraba. Descubrí que así me obligaba a seguir adelante en lugar de corregir un fallo y causar otros tres mientras modificaba alguna cosa. ¿A alguien le suena?

El primer juego, The legend of Zelda Circle of the Magic (baia baia, el que no hacía fanfics) Apenas tenía un guión digno de tal nombre, era poco más que un conjunto de escenas y puzzles que acababan con Link llegando a la torre sede del Círculo de la Magia y descubría que quien estaba detrás de todas las cosas malas que iban ocurriendo era… ¡Ganondorf! (completamente inesperado)

El segundo, Historias de una república ya tenía un guión algo más trabajado, pretensiones humorísticas, crítica política, un mundo que explorar con misiones ajenas al hilo principal y personajes un poco menos planos.

–Me da igual, aún así has tardado diez putos años en acabar tu libro.

Pues si, pero entre medias he hecho otras muchas cosas. Estuve un tiempo escribiendo (sobre todo trasfondo) una campaña de rol de La llamada de Cthulhu con el cual organicé unas cuantas partidas mientras tuve con quien. Estuve trabajando fuera, dedicando mi tiempo y energía a otras muchas cosas, la mayor parte de ellas que tenían que ver con crear (dibujos, guitarras, mitología) o con chicas. Y por si fuera poco estuve muy muy cerca de quedarme en el sitio por culpa de una septicemia.

Al final escribir como tal, de sentarse y narrar no creo que hayan sido más de tres años en total, unos dos de ellos creyendo que todo lo que llevaba escrito hasta el momento se había perdido cuando se me fastidió el ordenador. Mucho de ese tiempo lo perdí simplemente por no tener una idea muy clara de cómo era el mundo donde se desarrollaba el libro, a pesar de que la historia se ceñía  a una isla en mitad del océano. De hecho no volví a tomarlo en serio hasta que escribí parte de la historia de Olham, el alquimista (hasta ese momento no tenía un nombre definido más allá de “alquimista”) de hecho, leyéndolo puedo decir con bastante exactitud en qué lugares me quedé atascado. Durante otro par de años avancé a trompicones y a punto estuve de dejarlo, pero tenía un problema. Ya no sabía como terminaba.

Del boceto inicial quedaba más bien poco y el final que había pensado no tenía sentido ya. Los acontecimientos se habían torcido de formas que no acababa de comprender qué había pasado. La curiosidad por saber cómo terminaba, durante un tiempo fue la única razón por la que cada noche me dormía pensando en cómo continuar (fue una época en la que dormí muy bien) hasta que me decidí a leerlo desde el principio… Y sucedió la magia de la escritura. Cosas sin aparente relación, escenas que había escrito pensando en desenlaces muy diferentes, comenzaron a tener sentido entre sí. Detalles que había dejado por casualidad, o no se muy bien con qué motivo comenzaron a cuadrar inesperadamente. El trasfondo en el que había desarrollado historias sin aparente relación que escribí por escribir y algunas lecturas nuevas, con ideas frescas y otros modos de hacer las cosas comenzaron a formar una telaraña en la que quedé atrapado y volví  a escribir. De algún modo recicle la mayor parte de lo que había escrito ya dándole un nuevo giro, todo estaba ahí, solo había que mirarlo desde otro ángulo.

Y desde otro ángulo me vi obligado a escribir de nuevo. La primera persona resultaba ideal para mostrar lo que sentía y sobre todo lo que sabía el protagonista, pero sin darme cuenta otros muchos personajes se habían abierto un hueco, reclamando tramas pendientes por resolver y no podía dejarlos descolgados. Aún no se si hice bien o si hice una chapuza. Quizá debería haber reescrito más de la mitad del libro para adaptarlo a otro tipo de narrador, pero a cambio estoy muy contento con el conjunto. Todas las tramas empezadas continúan para unirse poco a poco unas con otras hasta llegar a un desenlace completo y satisfactorio.

O al menos un desenlace del que puedo estar satisfecho.

Si alguien tiene ganas de leerlo aún después de saber todo esto, el link (Nada que ver con el Circle of the magic)  está aquí:

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3 comentarios en “Llevo 20 años escribiendo pero no lo sabía.

  1. Vale, WordPress ha decidido publicar media entrada… Así que sigo.
    Decía que:
    Aunque, como tú, yo también he tenido parones debido a diferentes cuestiones sobre todo relacionadas con el ámbito laboral, nunca he dejado de leer, que es el paso previo a escribir, o eso pienso. Lo importante es no dejarlo, tener ganas de comunicar algo, de contarlo al mundo…y soltarlo 😉

    Le gusta a 1 persona

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