Reto ELDE 4. “Z”

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“Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.

La puerta del ascensor se abre con exasperante lentitud. He llegado al piso 13 como me han dicho esos soldados, he colocado las cargas en los pilares que me han ordenado y ahora, se supone, tengo que esperar al helicóptero. Pero quedan tres minutos y ni siquiera puedo oírlo.

Robertson, de mantenimiento, sigue allí de algún modo. No me ha visto, arrastra el palo mondo y lirondo de su fregona por el suelo de la azotea y de vez en cuando se acerca al cubo volcado y se queda allí unos instantes, como tratando de recordar qué tiene que hacer. Luego sigue arrastrando el palo, cada vez más corto, como hasta entonces.

Dos minutos. El tenso silencio, solo roto por el arrastrar cansino del palo de Robertson, es opresivo. Ni sombra del eco de un motor. Ya no hay tiempo de bajar y desactivar las cargas. Los pilares colapsarán y el piso trece irá pronto o tarde a reunirse con los escombros del primero. Robertson, su palo y yo los acompañaremos irremisiblemente. Ni rastro del sonido del helicóptero. Sopeso vagamente la idea de lanzarme yo por el balcón. solamente para evitar la tensa espera de una muerte que se ve cada segundo más cercana.

Un minuto. Robertson me ha visto y se dirige hacia mi tambaleante. Ha dejado su palo en el suelo y me pregunto cómo moriré antes, si por culpa de las cargas que yo mismo puse, o a manos de lo que queda del encargado de mantenimiento. La intriga es apabullante y no acabo de decidirme, aunque la verdad, preferiría que eso no me toque.

Quedan poco menos de quince segundos para la explosión y Robertson no está mucho más cerca, de hecho se ha dado la vuelta y se encamina hacia su palo, arrastrando los pies, las piernas y todo el cuerpo así en general. Por fin oigo el ruido de un helicóptero, pero está demasiado lejos como para que me dé tiempo a montar antes de que todo esto estalle. Harto de todo, corro hacia Robertson y lo empujo al abismo. O por lo menos lo intento.

Su piel, reseca y crepitante cede, se hunde bajo mis dedos y mis manos atraviesan las costillas sin esfuerzo aparente. Un pequeño enjambre de moscas escapa del agujero y extraigo la mano izquierda negra de ceniza y repugnancia, la derecha se ha quedado enganchada entre los huesos. Robertson apenas se ha dado cuenta pero me mira y comienza a girarse. Intento echar un vistazo al cronómetro y caigo en la cuenta de que muy posiblemente esté en esta situación por su culpa, pues de algún modo la correa se ha enganchado en sus costillas. No se exactamente cuánto tiempo ha pasado. A lo mejor el tiempo ya se ha acabado, las cargas no han detonado por vete a saber cual razón, y yo estoy con las mano enganchada entre las costillas de uno de ellos. No tengo modo de saberlo. Robertson me mira. No hay expresión alguna en su rostro, pero aún así le veo las intenciones. El ser retrae los agrietados labios y unas mandíbulas de dientes amarillentos sobre encías negras se abren sobre mi brazo atorado. El sonido del helicóptero sin duda se aleja, ofreciendo un ejemplo interesante, para el que quisiera apreciarlo, de efecto doppler.

De pronto alguien pasa una cadena por el cuello de Robertson y tira fuerte hacia sí. la cabeza, desprendida del cuerpo, sale rodando y acaba en el canalón. Miro a mi salvador.  

Resulta ser mi salvadora. Lleva medias de plata con peto y guantes a juego y antifaz de murciélagos. Lleva una peluca de color rojo sangre.

–¡Chica estaca! –exclamo.

–La misma.

–¿Pero no te dedicabas a los vampiros?

–Son muertos que caminan igualmente. ¿No? Entran dentro del mismo campo de trabajo. Me vale la misma licencia.

–¿Y has desactivado las cargas?

–Evidentemente

–El ascensor ni siquiera ha bajado desde que estoy aquí…

–He subido por las escaleras.

–Pero entonces…

–Lo hizo un mago, ¿Vale? –dijo irritada, en un tono que no admitía más peros–. Acompáñame o te juro que te quedas aquí.

La sigo. Las preguntas continúan acosándome, pero estoy vivo. Me pregunto si realmente una muerte espectacular puede ser mejor que una decepcionante salvación. Acabo por decidir que si esa muerte es la mía, no. No lo es.

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Un comentario en “Reto ELDE 4. “Z”

  1. 😀 😀 😀 Muy divertido el exabrupto de la chica estaca.
    No hay como tomarse el deus ex machina a broma para luchar contra ellos, que para algo son un gran enemigo de quien escribe, un recurso facilón y torpe por no llevar el argumento de manera lógica. Te invito, si tienes tiempo y ganas, a pasarte por mi relato “El puño”, donde también me río de ello, en https://lordalceblog.wordpress.com/2016/10/07/el-puno/
    ¡Un saludo!

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