Los iluminados del Autor

brian

Un fragmento apenas desarrollado, una idea puesta en palabras. Aún falta mucho por pulir. Una religión en la que adoran al Autor, que es quien escribe el mundo:

Habían llegado a la plaza de las religiones, algo que en Altaria simplemente no era posible. ¿Varios representantes de distintas religiones orando y arengando en el mismo espacio sin que tarde o temprano corriera la sangre? En cierto modo resultaba inquietante, Irvin sentía que había algo que estaba mal en todo ello, era como contemplar animales salvajes paciendo tranquilamente unos con otros. O por lo menos esa fue la impresión que permaneció en su cabeza.

Uno de los oradores le llamó la atención. Era un sujeto bajito y casi calvo, vestido con una túnica que seguramente habría sido verde pero cuyo color real se situaba entre el gris parduzco y el pardo mohoso. Hablaba hacia la multitud sin esperar gran cosa de ella. Era raro que alguien le prestara atención y eso mismo fue lo que le llamó la atención a Irvin. Al sujeto no parecía importarle, era como si quien realmente lo escuchaba estuviera ahí, aunque nadie pudiera verle.

–Es una secta –contestó Liam cuando le preguntó–. los Iluminados del Autor se hacen llamar, creen que el universo es un libro o algo así.

Por lo que pudo entender, dado su limitada comprensión del Obccano, éste hablaba sobre la pluma del creador deslizándose y dándole forma al universo, y sobre cómo todas y cada una de las personas eran en realidad personajes fruto de la mente del Autor.

–Seguimos? –preguntó Liam.

–No, quiero saber qué dice.

El individuo parecía haber captado la atención de Irvin del mismo modo que el comerciante avispado distingue a los posibles clientes de los simples curiosos. Tomó la bota de piel que tenía a sus pies y dio un largo trago. Con los ojos brillantes habló directamente hacia Irvin, esta vez en perfecto Altaír.

–Veo en tus ojos curiosidad y sed de conocimiento, joven forastero –su acento no era obccano, parecía más bien milvés, pero con cierto deje talashí–. Veo preguntas en tu cabeza que quizá no seas capaz de pronunciar, No todavía. ¿Me equivoco?

–También hay preguntas que puedo formular.

–Formula pues, joven curioso.

Irvin tomó aire.

–Durante este viaje he conocido varias religiones, y todas tienen en común que ellos creen que la suya es la verdadera. ¿Como puede estar alguien seguro de lo que cree?

–El individuo sonrió. Le faltaban los cuatro incisivos superiores.

–Uno nunca puede estar seguro. Solo los necios están seguros de lo que creen. Yo creo en mi religión porque tiene sentido, mucho más que cualquier otra.

–Vámonos –dijo Liam con impaciencia–, no es más que un charlatán.

–¿Explica tu religión que existan otras religiones? –dijo Irvin ignorándolo.

–Por supuesto. ¿Ves ese tipo de allí? ¿El que va cubierto con un Shají bhêleg? Su religión es el Salah, las voces del desierto, y ese otro de más allá es dualictino, como vosotros. Si sus dioses existen o no, no es mi problema, sino del Autor, pues él (O ella) es quien los creó.

–¿Entonces crees que existen?

–Ya te digo que no es mi problema, puede que si, puede que no. No me ha sido revelado tal conocimiento.

–¿Y quien creó al autor?

–Tampoco lo sé, posiblemente fueran sus padres mediante el modo habitual. No es algo que me preocupe. Quizá el Autor tenga su propio Autor que lo escribe a él.

–¿Y así hasta el infinito?

–Posiblemente. El concepto de Dios es algo demasiado grande para la mente humana. Es mejor ceñirse a la porción de realidad que nos ha tocado vivir para no enloquecer –el hombrecillo dio otro trago a la bota y sacudió sus últimas gotas, que cayeron a su boca abierta–. Lo que no puedes es ceñirte a ese espacio y decir que eso es todo lo que hay. ¿Alguna pregunta más?

–¿Crees que el autor también te ha creado a ti?

–Sé que lo ha hecho. Pues estoy aquí y estoy hablando contigo. Desde tu perspectiva puede incluso que me hubiera creado expresamente para hablar aquí contigo.

–Suponiendo que eso sea cierto, ¿Antes donde estabas?

–Quizá no existiera, salvo en calidad de idea. Aunque recuerdo perfectamente mi infancia y lo que comí esta mañana, lo cual, a decir verdad, ya es mucho más que lo que la gente corriente suele recordar. ¿Has oído eso de que una historia puede ser nueva y a la vez versar sobre tiempos remotos? No entra en conflicto con mis creencias.

–Tienes respuestas para todo, según veo.

–En absoluto, en cambio tengo preguntas. Infinitas preguntas de toda clase y todas conducen a ideas, útiles o no. Mis ideas, por lo tanto, son las ideas del Autor y si no tengo una respuesta ahora, quizá sea posible que la tenga más tarde cuando ya no me haga falta. Lo cual no quiere decir que no exista. En definitiva, son las historias las que dan forma al mundo. Una forma en la que podemos entenderlo al menos, y por lo tanto, tiene que haber alguien que las escriba.

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