Presentación de “La vara de serbal”

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El otro día caí en la cuenta de que no he hecho una presentación como es debido de mi libro en el blog, tampoco es que sea un dechado de visitas, pero imagino que es un incentivo más para aquel desdichado que acabe entre mis (pegajosas y en ocasiones desagradables) redes de palabras, y contra todo pronóstico, decida quedarse.

No me gusta ser ese pesado de LEE MI LIBRO porque, por lo menos para mí, viene a ser contraproducente y un incentivo para NO leerlo, y si algo me caracteriza es que no puedo hacer cosas en las que no creo. A decir verdad, gran parte de lo que escribo en el blog está directa o indirectamente relacionado con “La vara de serbal” pero no en plan promoción o publicidad. Odio la publicidad y supongo que ella también me odia a mí, es una cuestión de reciprocidad. Prefiero contar cómo se me ocurrió tal idea, o de dónde surgió tal concepto. Escribir relatos independientes que profundicen en el “lore” y en algunos de los personajes. Pero vale ya. Por una vez He Venido Aquí A Hablar De Mi Libro.

La vara de Serbal” es mi primera novela “de verdad”, a la que he dedicado cientos de horas de escritura y muchas más de pensar en qué escribir y cómo, y otro buen puñado a revisar sus casi 500 páginas de arriba abajo buscando fallos, tanto ortográficos y de puntuación, como de concordancia, argumento y estilo.

Sin más dilación procedo con la sinopsis con la que podréis encontrarlo, y a partir de ahí comenzaré a trabajar:

 

“La Mazmorra es una isla prisión, custodiada por un ser ancestral, donde son arrojados los que atestan las cárceles del mundo civilizado. Por sorprendente que parezca, con el paso de los años sus habitantes han acabado desarrollando una próspera sociedad nacida de lo mísero y abyecto, donde las manzanas podridas conformaron el fértil sustrato de una sociedad en frágil equilibrio, solo alterada por incursiones de los primitivos Salvajes, y los nunca reformados Proscritos… o eso creían.

Greg llega a la isla como uno más, pero pronto se ve envuelto en intrigas cuya raíces se hunden en el pasado. El ser que guarda la isla se remueve inquieto, pues el sello que lo ata es más débil cada día que pasa. Solo él, guiado por el alquimista, puede hacer que todas las piezas necesarias encajen para evitar que Senamoth sea liberado y el mundo entero convertido en una mazmorra.”

 

Si me preguntáis de qué género literario es, contestaré sin dudar a dudas “Fantasía”, pero si me preguntáis por el subgénero, no lo tendría tan claro. Es un libro que habla sobre la libertad como fin y medio. Una libertad con precio, que tarde o temprano hay que pagar, y a la vez es una novela de aventuras. Es también una reflexión sobre la sociedad y sobre los distintos papeles que se han de representar en ella, y una historia visceral de escaramuzas, batallas, persecuciones y huidas, pero con una veta de savia épica que se desarrolla a lo largo de la narración y florece en todo su esplendor hacia el final. Hablo de amor, de rencores y perdón y también de magia, mente y espíritu. Hablo de supervivencia, convivencia, de vida y muerte, de evolución y de paradigmas que cambian.

La narración transcurre a lo largo de pocos meses, con algunos de sus días vividos casi paso a paso, permitiendo a los lectores aspirar el mismo aire que los protagonistas, y a la vez dejar que echen algún que otro vistazo a los insondables pozos de historia que sustenta ese mundo, para que sienta el vértigo del abismo, y dejar que este le devuelva la mirada, ya que como dijo Tolkien: “Una historia debe contarse o no habrá historia, sin embargo son las historias que no se cuentan (o que solo se insinúan) las que resultan más conmovedoras”.

En resumen, hablo de muchas cosas que he vivido y aprendido durante los diez años que llevo escribiéndolo. Diez años, que se dice pronto. No todos ellos de escritura, pues ha sido un camino largo y tortuoso, en el que he tenido que abrirme camino a machetazos entre la espesura de Tamyria (nombre ancestral de la isla) y descubrir los secretos que escondía. Porque he vivido todo el proceso como un descubrimiento.

Encontré ruinas y tuve que descubrir su historia, conocí a los personajes y tuve que preguntarles sus nombres. Tardé mucho en descubrir el porqué de muchas cosas que no sabía para qué estaban allí, o por qué habían ocurrido, pero al final todo acabó cuadrando.

Si, sé que habitualmente estas cosas se hacen al revés, pero si no… ¿Qué emoción tendría?

Dice Neil Gaiman, en la introducción de American Gods: “No sé cómo es la experiencia de leer este libro. Solo sé cómo es la experiencia de escribirlo” En cierto modo he de dar las gracias a La Mazmorra, a sus habitantes y a su historia por permitirme conocerlos y contar su historia, lo cual es, en mi opinión, lo más parecido que se le permite a un autor a vivir la experiencia de leer su propio libro. Por suerte vosotros no tendréis que pasar por todo esto. Os invito a conocer La Mazmorra. Una isla prisión de la que, probablemente, no querréis escapar.

 

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