Disciplina castrense

 

Olaus Magnus Historia om de nordiska folken

Escribí este relato sin apenas pensar en lo que hacía. Creo que acababa de leer alguno de los libros de la guardia de Mundodisco y eso se nota en el tono con el que está escrito. Aparecen además unos cuantos personajes conocidos para quien haya leído La vara de serbal.

El cabo Cobb escondió el cigarrillo que acababa de liar en el hueco de la mano y apoyó la sandalia contra la pared de la cantina. Saludó a dos sargentos y poco después, observando distraído a las nuevas reclutas vio algo que no estaba bien. El cabo, aún con su aspecto mugriento y sus andares patosos había sobrevivido a más batallas que el mismo capitán Brei y era capaz de ver cuando algo no andaba bien. Aún no sabía lo que era, pero si seguía vivo y con casi todos sus miembros en su sitio era gracias a ese instinto. Ese individuo no era militar y sin embargo portaba galones de comandante. Lo rodeaba un grupo de presuntos sargentos. Cobb los siguió a ver donde iban. Tomaron la calle que conducía al edificio del cuartel general y trató de seguirlos pero el centinela lo detuvo.

–Lo siento Cabo, no puede pasar.

–Déjame entrar, Mills, soy tu cabo.

–Y yo soy centinela, Cabo.

–¿Sabes quienes eran?

–El comandante Magmar, nos acaban de anunciar que vendría.

–¿Cuánto hace de eso?

–Sobre media hora, ¿Por?

–¿No te parece poco?

–Estamos acostumbrados a que los cuadrantes los cambien cada diez minutos, media hora es casi ir holgado.

El cabo bufó.

–¿Quién está en la puerta?

–El soldado Gorrin

–¿El Boca? ¿Pero quién ha hecho los cuadrantes?

–Cabo, creo que fue ust..

–¡Voy para allá ahora mismo! ¡Ni fumarme medio cigarro me dejáis! Si ese imbécil no les ha pedido la documentación, te digo yo que acaba en La Mazmorra.

–En la que hay debajo de las caballerizas o…

–El cabo había desaparecido. Sus sandalias se oían cada vez más lejanas.

 

El Boca canturreaba distraído, fumando un cigarro espantosamente liado, hasta que de pronto apareció el cabo Cobb.

–¿Has dejado pasar al comandante Magmar? –preguntó de sopetón.

–Si, claro, ¿Que iba a hacer?

–¿Se identificó? ¿Mostró algún documento?

–No, pero…

–¡Sargento Falsten! –gritó Cobb llamando la atención del sargento de servicio, quien se acercó con un paso meditadamente lento–. Aquí el amigo Zacarino Gorrín me dice que deja pasar a gente sin identificar.

–¿Es eso cierto? –preguntó al soldado.

–Eran comandantes.

El sargento se arrancó la insignia y se la colocó al desconcertado cabo en el pecho.

–¿Acaso asciende esta insignia al Cabo o sigue siendo solo un maldito Cabo? Quedas relevado, preséntate al capitán y cuéntale lo que has hecho, yo iré en cuanto pueda.

–Sargento –dijo Cobb–. Tengo motivos para pensar que quien ha pasado no era el comandante Magmar. –Al fin el cabo había atado cabos–. Lo conocí de alférez eventual –el sargento levantó una ceja interrogante preguntándose cuánto llevaba el cabo en el ejército–, y no soy muy bueno recordando caras, pero creo que no se parece. Y no es solo eso. Hay algo que me dice que no son de los nuestros. Puede que ni siquiera sean militares, o al menos no me lo parecieron.

–De esto me encargo yo, Cobb. ¿El chaval es de los tuyos?

–Lamentablemente, Sargento.

–Me temo que tendrás que cubrirlo unos diez minutos, menos si llega el relevo pronto. No tengo a nadie más.

–El cabo se retiró irritado a la garita. Unos galones no lo hacen a uno sargento pero un sargento te puede hacer soldado con una orden o peor, con una sugerencia. Se moría por un cigarrillo.

Apenas instantes después apareció un individuo a caballo. Cobb le dio el alto y entonces vio los galones de comandante. Otros dos jinetes le acompañaban a modo de escoltas.

Cobb observó petrificado su rostro conocido.

–Soy el Comandante Magmar. Anuncié mi llegada.

De pronto una flecha alcanzó al comandante y otras dos abatieron a los escoltas. Los caballos huyeron camino abajo. Cobb se giró lentamente. El sargento colocaba una nueva flecha en la ballesta y cargaba.

–¿Sargento Falsten?

–Lo siento, cabo –dijo con una sonrisa, antes de dispararle.

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