El hombre sin sombrero.

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Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.

El hombre despertó. Era una sala blanca, a su lado había un anciano con la mirada perdida que babeaba sin remedio. ¿Como he llegado aquí? Se preguntó vagamente. Llegó un enfermero alto y pelirrojo y se dispuso a atenderlo, le limpió la boca y lo subió a una silla de ruedas. Sigue leyendo

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Adiós, valiente. Reto ELDE 6

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Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.

Aún contigo, recordé aquel momento, años atrás en que tuve que decirle adiós a otro amigo. Duele igual, pase las veces que pase. Acaricio tu cabeza huesuda, me pareciste feo la primera vez que te vi, y también dabas algo de miedo. Esas heridas abiertas que no te acababan de curar y la historia que había detrás de tu tierna mirada. ¿Cómo podía ser tan noble y cariñoso alguien que lo había pasado tan mal? Tenías miedo a otros perros cuando deberías haber tenido miedo de los humanos que te obligaron a hacer todo ello. ¿Mataste alguna vez? No me importa y no quiero saberlo, solo sé que me has querido y solo puedo decirte adiós. Sigue leyendo

Esta noche, en Sala sepulcro… Reto III El Libro del Escritor.

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–Hola, buenas noches queridos radioyentes. Hoy, como siempre a esta hora en Sala Sepulcro, tenemos a un invitado especial, bueno, en este caso invitada. Puede que su nombre no les suene de nada y como además a nuestra invitada no le hace mucha gracia que lo desvelemos no lo diré, je je. Pero estoy seguro de que sí que conocen a su alter-ego. Con todos ustedes: ¡Chica estaca!. Sigue leyendo

Reto ELDE. Primer relato: El vestido rojo.

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La verdad es que esperaba mucho menos de aquella nochevieja pero realmente fue algo impresionante. Me esperaba una noche solo, en un bar de pachangueo, ciego como un topo y borracho como un piojo, esperando ese momento tan agridulce que es el desayunar churros con chocolate.

Días después me di cuenta de que obviamente no llegue a los churros de Angelita, y a decir verdad, no los eché de menos. Sigue leyendo