El anillo de los Salazar. Capítulo IV.

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4.Olfateos. 

 

A principios de su decimosexto verano volvió a escaparse después de que uno de esos imbéciles con túnica le impusiera penitencia por haber sido descubierto aliviándose manualmente.

Que hubiera sido precisamente el cerdo que se llevaba al pequeño Robbie, el retrasado, para que lo hiciera por él en su celda, según decían los rumores, fue el grano que hundió el silo. Además los profesores habían descubierto que aprovechaba el tiempo que pasaba castigado para planear más trastadas y ahora le esperaban dos semanas recitando los siete cantares, de rodillas frente a esos dos pedazos de mármol tallados que se alzaban a ambos lados del altar del templo representando a Daegon y a Artema, los dos aspectos de dios. Dos trozos de piedra fría y mirada vacía. Sigue leyendo

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El anillo de los Salazar: CapítuloIII

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3.Redención. 

Theodoros despertó desconcertado. Se hallaba en una amplia cama con sábanas de lino blancas. Tras superar el estupor inicial recordó vagamente que lo habían sacado de aquel agujero para meterlo en un carruaje. Más tarde, no sabía cuánto, lo bañaron con agua caliente y le cortaron el pelo y la barba.

Se estiró por primera vez en mucho tiempo, su espalda chascó y, tras una mueca de dolor comprendió que lo necesitaba. La cama en la que estaba era de hecho mucho mayor que la celda donde había permanecido… ¿Cuanto? ¿Un año? ¿Diez? Sigue leyendo

El anillo de los Salazar. Capítulo II

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2.Miramontes

 

El Monasterio Dualictino de Miramontes no era mucho más que un conjunto de toscas edificaciones alrededor de las torres de un viejo castillo, a escasa distancia del pueblo del mismo nombre. Una pequeña localidad perdida entre las faldas del monte Arantza. Pero era, aun así, el mayor edificio en leguas alrededor.

A las dos de la madrugada y en pleno invierno, una luz en el piso superior continuaba encendida. El Prior Tailor abrió la portezuela y se adentró en la galería. El frío se colaba por cada hueco, por debajo de cada puerta y por las mismas grietas del piso de madera. Se recogió el hábito antes de entrar en la sala de reuniones. Sigue leyendo

El anillo de los Salazar. Capítulo 1

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El primer capítulo de mi próxima novela, de la que pronto acabaré el primer borrador.

1.El Olvidadero. 

 

Salazar avanzó por el pasillo. A ambos lados, las celdas contenían guiñapos humanos; seres enflaquecidos, barbudos, sucios y enfermos.

“Solo habéis empezado a expiar vuestros pecados” –pensó.

El carcelero le señaló una celda. Dentro dormitaba un hombre encorvado pero alto, de enmarañada barba negra, los ojos hundidos y la piel estirada sobre el cráneo. Sigue leyendo

Varas de sauce. Capítulo 4: El nuevo miembro

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Cap1: https://seescribencosas.wordpress.com/2016/08/25/varas-de-sauce/

Cap2: https://seescribencosas.wordpress.com/2016/08/27/un-muchacho-llamado-lobo/

Cap3: https://seescribencosas.wordpress.com/2017/05/14/varas-de-sauce-capitulo-3-visitantes/

Cap4:El nuevo miembro

Lobo resulta ser un muchacho peculiar que hace buenas migas con Set

 

–¡Ah, hola, chicos! –dijo su padre al verlos llegar, llevaba el silbato con forma de halcón en la mano–. ¿Donde habíais ido? Estaba a punto de llamaros.

–Estábamos en la cabaña de Set –dijo su hermana rápidamente, echándole un vistazo nerviosa. Greg entrecerró los ojos.

–¿No habéis estado espiando a esos chavales mientras se bañaban? Sigue leyendo

Escaramuza

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Me gusta escribir a mano las escenas de acción (todo, en realidad, pero especialmente estas), porque siempre queda todo mucho más fluido y natural que si lo hiciera a teclado. Por supuesto, me emociono, la acción se adelanta a la escritura y la transcripción antes de que se me olvide es obligatoria si no quiero tener un montón de garabatos ininteligibles. 

Esto es solamente una escena de las que escribo para “desengrasar” . Una escena que seguramente, tras acabarla, no volverás a leer con los mismos ojos.

Huyó a través del bosque. Ellos seguían sus huellas. Saltó un antiguo muro y esquivó unas ruinas. Corrió entre los árboles del fondo del prado y tropezó con algo, rodó y se estrelló contra un manzano. Consiguió que ambos ojos miraran el la misma dirección y vio con qué había tropezado. Un puñetero asta de ciervo. Sigue leyendo